Diez años después de estrenar “This War Is Ours”, Escape The Fate volvió a México para celebrar su aniversario. 

Fotos: Moises Castillo

Para bien o para mal, muchas cosas han cambiado desde 2008, no solo en México sino en el mundo. Pero no por ello olvidamos de dónde venimos y quiénes éramos hace 10 u 11 años, cuando se estrenó “This War Is Ours” de Escape The Fate. 

No cabe duda que ETF es una de la bandas más representativas del (fake) emo en aquél entonces; sin mencionar polémica las vidas de sus integrantes, quienes se tomaron muy en serio sus vidas de rockstars.. Sus visitas a México siempre fueron de las más solicitadas y cómo olvidar el Salón Cuervo abarrotado en más de una ocasión, lleno de gente con flequillo planchado y pantalones tan apretados que cortaban la circulación. 

Los looks quedaron atrás, pero los recuerdos no. No es un secreto que la popularidad de la banda ha ido en declive en la última década; sin embargo, en cuanto anunciaron un tour de aniversario de su segundo larga duración, una sonrisa nos vino al rostro para recordar la época cuando éramos felices y no lo sabíamos. 

El concierto se anunció en un desconocido -al menos para mí – Foro Bud Light, ubicado en la colonia Juárez, a unas calles entre Insurgentes y Reforma. El recinto se ubica en la poco iluminada calle de Versalles, pero no es difícil de encontrar y más que lugar para ver a bandas ensambladas, parece un antro con toda la infraestructura para más bien disfrutar de un espectáculo tipo Skrillex (quien se presentó ahí mismo hace algunos meses, por cierto).

Con antelación se anunció que el concierto iniciaría  las 8:00 P.M. y Escape The Fate saldría a tocar 10:15, lo cual significaba que nos tendríamos que chutar 2 horas de bandas abridoras, que, aunque se anunció serían The Horror Between Us y Fxck The Monsters, al final se añadieron un par más (apoyen la escena, chavos)

Dieron las 10 y el actual bajista de ETF, Erik Jensen, salió a hacer un improvisado soundcheck de todos los instrumentos. Mientras tanto, el playlist del lugar tocaba canciones de la época en donde no faltaron Alessana, Bless The Fall, From First To Last, Chiodos, etc.,etc. Además, sonó también “El Rey”, una clásica canción mexicana que todos los presentes corearon sin pena. Y antes de que se dignaran a salir a tocar, calentaron a la audiencia con un par de canciones de Queen. Una lista de reproducción digna de una emo nite. 

La hora llegó y Craig Mabbitt y compañía salieron a escena listos para cautivar a un público que ya lucía desesperado por tanta espera, pero que al final supieron que valió la pena. Por supuesto tocaron de principio a fin “This War Is Ours” y todos los presentes tenían muy buena memoria o desempolvaron disco para volverselo a aprender porque corearon todas las canciones sin falla alguna. No faltó en el emocionante Wall Of Death en la canción que le da nombre al disco, en donde incluso Craig Mabbitt saltó al público desde el techo del camerino. Mabbit cambió la parte de “shake that shit, Brian” en Let It Go por Kevin, nombre del actual guitarrista. Y tampoco faltaron los encendedores prendidos en “Harder Than You Know”. 

Después de “Behind The Mask”, tomaron un breve descanso y volvieron para cerrar con “Do You Love Me”, “Empire”, “Gorgeous Nightmare”, “Broken Heart” y finalizar con una rara versión de “One For The Money”, la cual fue interpretada únicamente por el público y la batería de Robert Ortiz. 

Incluso después de terminado el setlist, la banda sigue dan espectáculo acercándose a los fans y Robert Ortiz se quedó solo arriba del escenario con “We Are The Champions” de fondo para aventar de manera heroica sus baquetas a los fans. Cabe recordar que el baterista es el único miembro original de Escape The Fate. 

Aunque con algunos kilos ganados, Craig Mabbitt sigue siendo el líder que todos recordamos de hace 10 años y se le nota la experiencia que ha adquirido para convertirse en un frontman digno de cualquier banda de glam, más que de emo o posthardcore. Y por supuesto, sigue cantando impecable. A pesar de todo, el público se fue contento a casa el sábado después de hora y cuarto de espectáculo de una de sus bandas favoritas de la emolescencia.