10 agosto, 2026

Punkeando!

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The Offspring presenta su repertorio más punk en MTELUS de Montreal.

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“Just the Punk Stuff” dejó de lado los grandes éxitos para recuperar rarezas, velocidad y páginas casi olvidadas del catálogo californiano.

Fotos: Alejandro Vazquez 

The Offspring llegó a Montreal con una propuesta alejada de la nostalgia noventera más predecible. El miércoles 5 de agosto, MTELUS recibió “Just the Punk Stuff”, un concierto centrado en canciones habitualmente relegadas en sus giras. Anunciado como un espectáculo especial e inédito, el concierto despertó una expectativa inmediata y agotó las entradas para la fecha. 

General Chaos: juventud punk con voz propia

General Chaos inició la noche creando un puente entre generaciones unidas por el punk. El cuarteto adolescente de Montreal llegó impulsado por Can’t Please ’Em All, su segundo álbum, publicado en mayo por Stomp Records. Su punk directo, compacto y sin adornos funcionó como una introducción efectiva. Además, escapó del papel decorativo reservado con frecuencia a las bandas teloneras.

Más allá de la edad de sus integrantes, el grupo mostró el oficio adquirido dentro del circuito independiente local. Sus canciones breves y su ejecución concentrada sostuvieron esa impresión. Ante material compuesto antes de que sus integrantes nacieran, General Chaos representó continuidad sin convertirla en nostalgia.

Thick Glasses: peso, melodía e identidad francófona

Thick Glasses amplió el espectro musical mediante guitarras más densas, cambios de dinámica y una identidad claramente francófona. El cuarteto montrealés cruza el punk y el hardcore con el emo, el shoegaze, el post-rock y el metal. Esa mezcla atraviesa Dans l’abysse, su segundo álbum, publicado en febrero de 2025.

Su presentación estiró la consigna sin romperla. “Solo punk” no significaba obedecer fórmulas cerradas ni ignorar sus múltiples ramificaciones. Thick Glasses aportó peso, melodía y tensión antes del acto principal. También recordó que la escena de Montreal nunca ha dependido de un único idioma ni de un solo sonido.

The Offspring desata su pasado más feroz 

The Offspring abrió con “Session” y “We Are One”, ambas pertenecientes a Ignition. El arranque eliminó cualquier duda: esa noche, el archivo mandaría sobre los sencillos. Desde los primeros compases, la sala respondió con movimiento constante y una atención distinta de la habitual en un concierto convencional.

Sin barricada ni foso de seguridad, la distancia entre la banda y el público prácticamente desapareció. The Offspring aprovechó esa cercanía para invitar a los asistentes a subir al escenario y lanzarse sobre la audiencia para hacer crowdsurfing. Los coros también acompañaron los cortes profundos, confirmando que el lleno respondía a algo más que la fama.

El set reunió 24 canciones durante aproximadamente 85 minutos, pero la cifra nunca eclipsó la intención de la selección. “Crossroads” regresó por primera vez desde 1990, según los registros disponibles. Su recepción convirtió aquel regreso histórico en un momento compartido, no en una curiosidad reservada para coleccionistas.

“A Thousand Days”, ausente desde 1991, generó una respuesta semejante y confirmó cuánto había esperado la audiencia volver a escuchar este material. En lugar de reservar el entusiasmo para los sencillos, la sala reconoció canciones que rara vez aparecen en una gira regular. Ese conocimiento colectivo sostuvo la premisa durante los pasajes menos inmediatos del concierto.

Musicalmente, la selección exigió precisión y pocas pausas. Dexter Holland sostuvo las melodías sobre guitarras rápidas, mientras Noodles recuperó riffs ausentes de la rutina habitual. El formato dejó menos espacio para bromas y fragmentos de versiones, recursos frecuentes en sus conciertos de arena. Aquí, el ritmo provenía del encadenamiento de las canciones.

La reacción cambió conforme avanzó el concierto. Los cortes menos habituales despertaron atención y complicidad; el tramo final liberó una respuesta más física. Esa progresión evitó que el repertorio pareciera una enumeración académica. Cada regreso adquirió sentido ante una sala preparada para celebrarlo.

Un cierre conocido sin traicionar la premisa

“Pay the Man” abrió el encore con un desarrollo más expansivo antes de que la banda acelerara definitivamente. “All I Want” desató el primer gran coro del cierre. “Staring at the Sun” mantuvo la velocidad, con el público respondiendo a cada cambio sin perder el impulso acumulado.

“The Kids Aren’t Alright” cerró el concierto y reunió las voces más fuertes de la noche. Su melodía convirtió MTELUS en un coro colectivo después de un repertorio deliberadamente exigente. Fue una recompensa reconocible, no un intento de compensar la ausencia de los grandes éxitos.

El público no acudió en busca del espectáculo habitual, y su respuesta confirmó que tampoco lo necesitaba. “Just the Punk Stuff” funcionó porque The Offspring demostró que su legado rebasa los sencillos que todavía dominan la radio. En Montreal, la banda abrió el archivo y permitió que las canciones menos transitadas recuperaran protagonismo. General Chaos y Thick Glasses reflejaron una escena local joven, pesada y todavía en movimiento. La noche propuso algo más interesante que un ejercicio de nostalgia. Presentó el punk como una conversación entre épocas, capaz de revisar su pasado sin dejar de avanzar.

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