Por: Gerardo Juárez
Fotos: Enrique Blancas

Un montón de nubes grises se reúnen sobre la Hipódromo Condesa y no estoy seguro de que vaya a llegar al Plaza antes de que empiece a llover. Creo que me tomé muy enserio la actitud de adolescente rebelde y probablemente me arrepienta de haberme salido de casa sin suéter. Perdóname si estas leyendo esto, mamá.

Pues bien, el Plaza Condesa una vez más es el elegido para alojar un show lleno de nostalgia adolescente. Ahora era el turno de The Maine y Mayday Parade, quienes después de una larga ausencia en nuestro país encabezaban esta explosiva dupla a la que se sumaban los locales de Say Ocean. En el transcurso de la semana, la emoción de las bandas reflejada vía redes sociales no pasó desapercibida, algo me decía que esto sí o sí iba terminar en una gran fiesta.

En los alrededores de la Juan Escutia, el griterío habitual no se hizo esperar; que si la playera, que la taza o el boleto más barato que en taquilla eran lo más coreado entre los escandalosos comerciantes. Uno a uno fui esquivando a los revendedores, que no conformes con un ‘no, gracias amigo’, se vuelven algo incisivos a la hora de querer sacar la venta de sus entradas.

Aventurarse a entrarle a la organización de eventos pop punk es toda una hazaña en nuestro país, una que se vuelve casi heroica cuando, a parte, se apuesta por exponentes que fueron referentes a finales del 2000. Un concierto que parecía arriesgado para la promotora y de paso para nuestros amigos de la reventa, pero si este evento no hubiera sido posible, ¿quién hubiera alzado la mano?

Los de Say Ocean fueron los primeros en treparse al escenario, a pesar de que su presentación fue breve lograron mantener el animo de los asistentes. Los tapatíos transmitían una felicidad inmensa sobre el escenario, que podía ser apreciada hasta el puesto de hot dogs afuera del Plaza Condesa, no era para mas, los tres integrantes estaban haciendo lo que mas les gusta a lado de bandas que muy probablemente fueron influencia para la creación de su propio proyecto.

Los horarios parecen avanzar de acuerdo con lo planeado, Say Ocean hizo más ligera la espera para el plato fuerte. En lo que empezaba Mayday Parade volteaba a mi alrededor y me daba cuenta como muchos de nosotros ya no teníamos 17 años y esa noche era evidente como nos aferrábamos con fuerza a la adolescencia.

Sin guardarse absolutamente nada, Mayday Parade se arrancó con ‘Never Sure’, reciente sencillo de su último larga duración Sunnyland, tema tras tema los de Florida seguían consintiendo a sus fans con lo mejor de su repertorio. Los emblemáticos breakup songs de principios de su carrera fueron los primeros en sonar, situación que me decía que esta noche no se iban a andar con rodeos. Los integrantes saltaban en el escenario, cantaban y aventaban sus guitarras de manera descuidada, mientras el público se mantenía comprometido sin perderse ni un segundo del show. Un descalzo Derek Sanders no paraba de contagiar a sus seguidores con su característico movimiento de cabello. La banda cerro su presentación con ‘Oh Well, Oh Well’ con la promesa de volver lo más pronto posible a nuestro país.

Una gran lona con los dígitos 8123 impresos en el centro, se asomaba mientras montaban todo para la presentación estelar. El 8123, parece ser mas que un montón de números al azar, que, si bien no representan la esencia de The Maine, definen el vínculo de una comunidad que ha logrado identificarse a partir de las metas y sueños que muchos de nosotros aún continuamos sin emprender. La familia 8123 ya le da la vuelta al mundo con manifestaciones que incluso han quedado grabadas en la piel. Una muy seria reflexión pasaba por mi cabeza, mientras veía cómo se realizaba un último esfuerzo en el montaje de los instrumentos buscando que el sonido pudiera hacerle justicia a esta presentación tan especial.

No pasó mucho tiempo para que The Maine se plantara en el escenario. En cuanto la agrupación de Arizona entonó las primeras notas de ‘Numb Without You’, los gritos comenzaron a estallar en todo el Plaza Condesa. Los primeros minutos fueron clave, la respuesta del público permitió que la banda se sintiera cómoda de inmediato. O ‘Callaghan iba de un lado a otro para que ninguno de los sectores de la pista se sintiera olvidado, nadie podía quedarse con las ganas de tener tan cerca al vocalista mas espontaneo de toda la escena.

The Maine consintió a sus más fieles seguidores con un setlist potente y de paso se ha llevado otros a la bolsa, que sorprendidos disfrutaban del buen momento a pesar de no estar tan familiarizados con su proyecto. Canciones como ‘Diet Soda Society’, ‘Bad Behavior’ y ‘Like We Did (Windows Down)’ entre otras más, sonaron gracias al minucioso repaso que la banda hizo de todos sus discos. La interacción entre la agrupación, los fans y los no tan fans no pudo ser mejor. Una de las cualidades de The Maine es que nadie sabe lo que va a pasar en sus conciertos, la banda no tiene un guión ensayado y parece que en cada ciudad dónde se paran el show es completamente diferente. O’Callaghan hizo lo que quiso y nosotros respondimos ante el carisma y la presencia de todo un frontman. La presentación de la banda dio fin con una impecable y digna ejecución de ‘Another Night on Mars’.

Salí del Plaza Condesa con ganas de comprar toda la mercancía pirata de The Maine, pero lo mas importante fue que comprendí que esta gran noche jamás hubiera sido posible si las bandas y el equipo detrás del evento no estuvieran haciendo lo que en verdad les apasiona. Qué buena forma de relacionar todos aquellos sueños que teníamos en la adolescencia a la que minutos antes nos aferrábamos cantando todas esas canciones. La noche ya era bastante fría y yo seguía sin suéter, camino a casa iba pensando en que tal vez no era tarde para muchos de nosotros.