Lambrini Girls llevan la furia del punk británico a Montréal
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Como parte de su gira por Norteamérica, Lambrini Girls se presentaron en Théâtre Beanfield de Montréal, acompañadas por Big Girl.
Fotos: Alejandro Vazquez
El viernes 19 de junio de 2026, Théâtre Beanfield, en Montréal, se convirtió en un espacio de descarga punk con la llegada de Lambrini Girls. La fecha, originalmente programada para el 27 de abril, tuvo que ser reprogramada después de que Phoebe Lunny, vocalista y guitarrista del grupo, sufriera una fractura de cuello y una lesión cerebral durante un incidente en Australia.
Ese contexto le dio a la cita un peso distinto. No se trataba solo de una parada más dentro del tour, sino de un regreso al escenario después de una pausa forzada. La expectativa se sentía desde antes del inicio, con una audiencia lista para recibir a una de las propuestas más contundentes del punk británico actual.
Big Girl: actitud directa desde Nueva York para abrir la noche
La noche comenzó con Big Girl, agrupación encargada de preparar el terreno antes del estallido principal. Su presentación funcionó como una primera sacudida para el público: guitarras crudas, energía frontal y una actitud que conectó bien con el ambiente de la sala.
Big Girl apostó por un set directo, construido desde el volumen y la presencia escénica. La agrupación abrió la puerta a una velada donde el ruido, la distorsión y el movimiento serían el idioma común. Su actuación no solo cumplió con calentar el escenario, sino que ayudó a tensar el ambiente antes de la llegada de Lambrini Girls.



Lambrini Girls: ruido, rabia y punk sin filtro
Cuando Lambrini Girls tomaron el escenario, Théâtre Beanfield cambió de temperatura. El dúo de Brighton, Inglaterra, formado por Phoebe Lunny y Lilly Macieira-Boşgelmez, apareció con una fuerza que no buscaba agradar de forma cómoda, sino sacudir directamente al público.
Desde los primeros temas, la respuesta fue inmediata. Canciones como Company Culture, Bad Apple, Love, No Homo y Cuntology 101 funcionaron como detonadores de una descarga cada vez más intensa. Cada tema parecía empujar la sala hacia un punto más caótico, entre gritos, empujones y cuerpos girando en circle pits cada vez más grandes.
La fuerza del set también estuvo en la manera en que Lambrini Girls conectaron las canciones con el espíritu de su álbum Who Let the Dogs Out, un disco que consolidó al grupo como una de las voces más feroces del punk contemporáneo.
Uno de los momentos más fuertes fue la interacción constante con el público. Phoebe Lunny bajó del escenario en varias ocasiones para cantar entre la gente, romper la distancia con la sala y convertir el concierto en una experiencia mucho más colectiva. No fue una interacción simbólica ni una pose escénica: fue parte central del lenguaje de la banda.
A partir de ahí, Théâtre Beanfield se transformó en una zona de choque. Hubo circle pits, mosh pits y hasta un wall of death que dividió la sala antes de hacerla explotar en movimiento. La energía del público acompañó cada canción con una entrega total, mientras Lambrini Girls respondían con más volumen, tensión y confrontación.
El cierre llegó con Big Dick Energy, uno de los momentos más explosivos de la noche. La canción funcionó como una última descarga de ironía, rabia y humor ácido contra la masculinidad tóxica, llevando al público a una reacción final marcada por gritos, empujones y una sensación de caos compartido.
Una noche de punk como experiencia colectiva
Más allá del volumen y la confrontación, la noche dejó claro que Lambrini Girls entienden el punk como una experiencia colectiva. Sus canciones no solo se escuchan: se gritan, se empujan, se sudan y se comparten. En Théâtre Beanfield, esa energía convirtió la sala en una comunidad momentánea, intensa y caótica, donde cada cuerpo en movimiento formó parte del mismo estallido.
A continuación te dejamos la galería del concierto:
































